Cara 的个人资料Los invito a sentir, ...照片日志列表更多 ![]() | 帮助 |
UN MILAGRO DE LA NATURALEZAHace unos días, estaba haciendo la comida cuando escuché abrirse la puerta. Inmediatamente, el piar de un ave me hizo dejar todo y salir a buscar de dónde provenía. Mi esposo, por segunda vez, me traía un colibrí, que no dejaba de clamar lastimosamente. Lo tomé entre mis dos manos y susurré el sonido que les cantaba a mis hijos para que se durmieran... shshshshshshs, agregando un delicado: "No pasa nada... no pasa nada". Automáticamente, el colibrí, que había estado sufriendo en la banqueta quién sabe cuánto tiempo, se durmió en mi mano, pues ya no podía más. Como en otra ocasión nos habíamos encontrado uno, y después de alimentarlo con agua azucarada y depositarlo en el césped, había volado, me imaginé que pasaría algo parecido. No tardó mucho en despertar y ya le tenía su agua azucarada, que le di mojando el reverso de una cuchara (así le era más fácil). Inmediatamente tomó todo su alimento con su fina y larga lengua, por lo que tuve la dicha de conocerla de muy cerca... es parecida a un hilo nylon. De cualquier modo, entré a la red a investigar qué comían además de su dulce energía, y me enteré que son insectívoros, lo que yo ignoraba. Al momento le machaqué varias hormiguitas negras (pobrecitas, pero ni modo), y las agregué a un líquido rojo que se elabora especialmente para ellos. La mezcla la coloqué en una jeringa, substituyendo la aguja por una flor de plástico. Funcionó, y el muchachito, cada vez que quería comer, emitía su característico sonido... trrtrtrtrtrttrr. Por cierto que esto era tan seguido, como cada diez o quince minutos. Nos volvimos inseparables, pues lo cargaba en su canasta por toda la casa, acompañándome a todos mis quehaceres. Así pasaron dos días, pero parecía que el alimento que le daba no le era suficiente, y preguntaba en las tiendas de alimentos para animales y nadie me podía decir qué darle. Lo que investigué fue que las madres les dan insectos regurgitados, pero pues, ahora si que ¿cómo le hacía para imitar eso?... por lo que me arriesgué y compré un alimento para niños Gerber, de pollo, mismo que revolví con una gotita de miel y se lo rebajé con el mismo líquido. ¡Funciono!... ¡felizmente funcionó!... y el colibrito empezó a tomar fuerza y a mover sus alitas para ensayarse, aunque no despegaba de la cama, por lo que lo nombramos: "El motorcito". Cada noche lo ponía en una canastita y ésta dentro de una caja con agujeros, para que se durmiera. Primero hice los orificios muy grandes y sacó la cabeza queriéndose salir, pero luego le acondicione otra. Para ser sincera, todas las noches tuve miedo de que amaneciera muerto, y cuando abría la caja en las mañanas, mi corazón se calmaba al encontrarlo vivo y pidiéndome comida. El colibrí veía a sus compañeros libando en un bebedero que para ello tenemos, y agitaba sus alitas reconociéndolos y queriéndose ir, pero todavía no estaba listo. Así pasaron ocho días, en los que estuvo recuperándose de su alita derecha, que parece que se lastimó al caer, pero naturalmente que estando sano, empezó a volar por toda la casa, estrellándose contra las paredes. Ni tarda ni perezosa, lo deposité en el patio, en las ramas de un ficus. Mientras tomaba fuerza, parecía no quererse ir; tendría que hacerlo, pues temía que si se quedaba dentro de la casa, volando y golpeándose por todas partes, terminaría rompiéndose el pico, y tendría que sacrificarlo. Le volví a dar alimento y empezó a ensayar sus alitas, y luego a sincronizarlas con su cola, para luego, en un ¡zuuuuuuuuuuuum!, volar hacia la libertad. ¡Fue un milagro... una dicha enorme... una maravilla! Gracias a la vida, a Dios, a la naturaleza... gracias por esa oportunidad de convivir con un Ser hermoso al que tanto admiro. ¡Gracias!... ¡Gracias!... ¡Gracias! Cara.
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