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"CIEN AÑOS, Y UN MES"

 

   

 

Es verano y acabo de nacer, mido 5 centímetros y mi  vestido es  color verde tierno. Soy precioso, frágil y tengo un gran futuro…

 ¡VOY A SER UN ÁRBOL!

 

VEINTICINCO AÑOS DESPUÉS

 

He logrado crecer 7 metros y mi tronco mide 80 centímetros de circunferencia. Estoy muy feliz, pues gracias a mi, que me alimento de bióxido de carbono y lo transformo en oxigeno, les doy vida a todos los seres humanos y animalitos que me rodean. Además  en primavera mi follaje es exuberante, con lo que logro dar sombra a todos los que pasan junto a mí.

Aparte de la sombra, doy unos frutos riquísimos y me gusta compartirlos con todos; En invierno mi follaje se desprenderá para dejar pasar los rayos del sol y Ustedes puedan calentarse.

                        ¿No es hermoso todo esto?

 

CIEN  AÑOS DESPUÉS.

 

Ya mido 12 metros de altura mi tronco, tiene 2 metros de circunferencia pero… ¿saben que?... a unos metros de mí, pusieron una dulcería, y yo les estorbo y le quito la vista a su anuncio, por lo cual, los dueños, han decidido cortarme... oyeron bien... no podarme,... cortarme.

                      

CIEN AÑOS, Y UN MES.

 

¡HE MUERTO!... mi muerte costó 3,000 pesos.

arbol

Esta es una historia verídica. El troncón, es sólo un modelo, ya que se llevaron el árbol con todo y sus raíces, en un día de fiesta para que no nos diéramos cuenta.

 

                                                                                                             Cara.

 

                                                                 

Copia de DSC07599

                                                               

Sin comentario

el envoltorio de mi regalo (lo hizo Jorge

envoltorio de regalo

¿Se admite devolución?

 

En la navidad antepasada, entre otras cosas, le regalé a mi nietecito un jueguito de médico.

 

Al niño le dio mucha alegría, e inmediatamente se puso a auscultarnos con el estetoscopio y a tomarnos la presión. Yo quedé muy complacida de haberle podido dar ese gusto.

 

Así transcurrió un año y el veinticuatro de diciembre, vi entrar a mi niño    con un envoltorio hecho de hojas de papel, pegadas entre si, y me dijo que era mi regalo.

 

Lo abrí con mucho cuidado, para no romper semejante “obra de arte”, pensando en el tiempo que le había dedicado, el  pegar, hoja, por hoja.

 

Al abrirlo me sorprendí, pues era lo que  le había regalado en la navidad pasada.

 

Cuando vió mi rostro asombrado me dijo: “Güelit, te regalo el jueguito que me regalaste, porque está muy "chafa". Yo ya estoy grande y  necesito uno de a de veras. Le voy a pedir a mi papá que me compre uno”…

 

¡Aaaaaahhhhhh!... ahora resulta que yo, si soy merecedora de un juguete “chafa” que es para niños, y además, el  que yo le había regalado anteriormente.

 

  

Los mejores momentos me los dan mis nietos.

 

 

                                                                                      Cara.

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